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Atreverse a jugar al ajedrez

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"La jugada está ahí, solo tienes que verla" Savielly Tartakower

No tengo recuerdos de estar aprendiendo a jugar al ajedrez. Quizá era demasiado pequeño. Mira que existen muchos juegos de mesa, pero cuando uno se topa con un tablero de ajedrez, puede querer saber más, o puede tomar la opción más sensata: la de guardar las piezas en su caja. Como si de la pastilla azul se tratase, elegir aprender a jugar al ajedrez puede tener sus consecuencias, como toda decisión en la vida; pero las consecuencias del ajedrez parecen no estar tan definidas al principio.

¿Es un deporte? ¿Un juego? ¿Una ciencia? Uno nunca sabe como explicarlo, pero si recuerda lo que siente jugándolo. Y es esta mezcla de sentimientos lo que me trae hoy ante ustedes, queridos lectores, porque sí: el ajedrez a veces me mata.

El ajedrez y la lucha contra ti mismo

Decidir aprender a jugar al ajedrez lleva consigo una lucha contra ti mismo que es muchas veces salvaje. Perder una partida que tienes ganada es de las sensaciones más frustrantes que puedes experimentar mentalmente hablando. Porque lo que hace al juego de las 64 casillas tan horriblemente extraordinario es que estás tú y tus piezas, frente a las figuras enemigas de tu rival. No hay nadie más.

Si lo entiendes, las cosas son como son. Pero si no lo entiendes, las cosas siguen siendo como son. No hay excusas. Si te equivocas no podrás decir que el árbitro arruinó el partido, que el cesped estaba alto o que la mala suerte hizo que ese día lloviera. No, amigo. Tú hiciste aquella jugada, cambiaste aquella estructura de peones, entraste en aquel final de damas o gestionaste mal el tiempo de la apertura, y ahora estás solo ante el tablero con tus piezas, con un reloj que avanza y que seguramente sumara unos segundos en tu siguiente jugada. Tic tac. Te toca mover.

El ajedrez me mata, pero a su vez me da la vida. Esta es la paradoja. Y en esta serie de artículos os iré contando mi viaje a través del mundo del juego milenario del ajedrez.

El ajedrez y sus contradicciones

Es curioso como casillas blancas y negras, con piezas negras y blancas pueden dar tanto juego a nuestra creatividad. Ya sé que venden que es un juego de inteligentes, pero no os engañéis, no necesitas ser inteligente para jugar al ajedrez. Decir que solo los inteligentes juegan al ajedrez, es como decir que solo los altos juegan al baloncesto. Muchas veces no gana el más inteligente, sino el que tiene mejor gestión del tiempo, de la posición o ha puesto una trampa a su rival para ganarlo. La relación de la victoria en ajedrez esta fuertemente ligada al error. La partida de ajedrez la gana el que comete el penúltimo error. Esto es un hecho irrevocable.

La relación de los ajedrecistas entre sí es apasionante. Personas que no se hablan en 5 horas juegan una partida de ajedrez. Se dieron la mano al principio, no se han dirigido ni una palabra, y han expuesto sus sentimientos frente al tablero en una partida que ha podido dar vuelcos hacia un lado u otro.

¿Creéis que os puede llegar a caer mal una persona por como se comporta frente al tablero de ajedrez? Porque esto pasa más a menudo de lo que pensáis. La célebre frase: "El ajedrez es un deporte de caballeros", que viene a decir que es un lugar donde se respeta a todo el mundo, no siempre pasa así, y los nervios o estar cerca de una derrota puede hacer que saquemos lo peor de nosotros mismos. Aún así, se pierda o se gane, es obligatorio dar la mano al final de una partida de ajedrez. Esto hace el intento de que el ajedrez sea ese deporte de caballeros que se busca.

El espejo donde mirarse

El ajedrez te mata, porque el ajedrez es el reflejo de un espejo de como te comportarías ante ciertas situaciones de la vida. Y mirarse al espejo no siempre es tan fácil. Cuando estamos guapos, todos vemos ese reflejo con alegría; en cambio, cuando se nos ven las costuras, es necesaria una gestión de la frustración para poder mejorar para la siguiente vez, que podría ser en el tablero o en la vida misma. En el ajedrez uno nunca pierde, o gana o aprende. Cometer errores mancha, y se puede cometer un error y aprender de él, o se puede tropezar con la misma piedra tres veces, que esto es más humano. El ajedrez estará ahí para enseñarte como tropiezas. Pero también estará ahí para cuando levantes ese trofeo que acredita tu aprendizaje en el deporte más agresivo del mundo, según Gary Kasparov.

Conclusiones

Uno nunca sabe donde se va a encontrar un tablero de ajedrez, ni a quien puede estar influyendo para que el ajedrez entre en su vida. Quizás no somos conscientes pero estemos cambiando la forma de ver la vida de quien va a coger un tablero por primera vez y esto le va a acompañar en sus siguientes años.

¿Os atreveríais a enseñarle ajedrez a alguien? ¿Le explicaríais sus ventajas y desventajas desde el principio? ¿O es mejor que uno descubra el camino del ajedrez por sí mismo? ¡Os dejo una sección para que podáis enviarme vuestros mensajes!

¿Tienes una historia que contar?

Me encantaría leer sobre tus experiencias de ajedrez. Comparte tu partida más emocionante, un momento de aprendizaje o cualquier historia relacionada con este juego que tanto nos apasiona.

Respuesta garantizada. Tu historia me inspira.